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Breve historia del entorno de Charming Village House

La casa hoy, en el corazón de Riumors (Alt Empordà).
La casa hoy, en el corazón de Riumors (Alt Empordà).

Hay casas que simplemente se construyen. Otras se fundan. Y unas pocas, muy pocas, terminan enamorándose de quien las habita.

Corría 1825 y la llanura de Riumors aún olía a agua dormida. Los viejos "estanys" que durante siglos habían cubierto estas tierras empezaban a rendirse ante el arado. Solo quien tenía visión podía adivinar, bajo aquel barro, el Empordà fértil y dorado que estaba por llegar. Una de las familias más poderosas de la comarca la tuvo, y eligió este rincón para levantar una casa a la medida de su ambición.

No la quiso solo para vivir. La quiso para reinar sobre sus tierras y sus rebaños.

Abajo latía el negocio. Donde hoy te dejas caer en el sofá con una copa de vino del Empordà entre los dedos, entraban los carruajes de la familia: el crujir de las ruedas sobre la piedra, el resoplido de los caballos impacientes, cocheros que llegaban de Figueres cargados de noticias del mundo.

El salón, antigua cochera de los carruajes.
El salón, antigua cochera de los carruajes.

Y donde hoy preparas la cena para los tuyos, entre risas y aromas, se trabajaba la carne del ganado que hacía grande a la familia.

La cocina bajo su bóveda, antigua sala de despiece del ganado.
La cocina bajo su bóveda, antigua sala de despiece del ganado.

Arriba, lejos del bullicio, transcurría la vida. Allí se celebraron nacimientos y se sellaron tratos con un apretón de manos. Allí, al caer la tarde, alguien se asomaba a la ventana para ver cómo la luz dorada del Empordà se derramaba sobre unos campos que poco a poco iban cambiando de dueño. A unos pasos, las campanas de Sant Mamet, una iglesia documentada ya en el año 1019, marcaban el pulso del pueblo, como llevaban haciéndolo ocho siglos.

El piso superior, donde la familia hacía su vida.
El piso superior, donde la familia hacía su vida.

Pero las casas con alma no se dejan poseer durante mucho tiempo. Ellas eligen.

A principios del siglo XX, la casa eligió nuevos dueños: una familia acomodada de Figueres. Nadie dejó escrito qué la sedujo de ella. Quizá fue el silencio de sus muros, quizá la luz. Décadas después volvió a conquistar a gente acostumbrada a elegir solo lo excepcional: una familia vinculada a una de las grandes multinacionales del mundo.

Hace quince años, la casa vivió su capítulo más delicado. Bajo la mirada de un conde de Ventalló, célebre por su buen gusto al devolver el alma a las masías catalanas, un interiorista de prestigio, reconocido con premios internacionales, la restauró con cariño, buen gusto y distinción, sin borrar ni una sola de sus huellas. Pensó cada rincón para el confort de sus nuevos dueños y para un propósito tan sencillo como valioso: desconectar del mundanal ruido y regalarse un paréntesis de calma y descanso.

Hoy conviven en ella los muros que vieron pasar los carruajes y la serenidad que buscas en tus vacaciones.

Dos siglos. Cuatro familias. Una restauración firmada por manos expertas.

La entrada, al caer la noche.
La entrada, al caer la noche.

Y ahora, la llave es tuya.

No has alquilado una casa en el Empordà: has entrado en su historia. Y quién sabe si, dentro de muchos años, alguien contará que tú también formaste parte de ella.

Referencias bibliográficas

Fotografías: Charming Village House.